Una negra nube de inseguridad cubre Internet

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Si viviésemos en el “Señor de los Anillos” diríamos que Sauron y su oscura sombra cubren a día de hoy prácticamente toda Internet. Miremos donde miremos, los jinetes negros campan a sus anchas, permitiéndose amenazar lo más sagrado de la red y a ella misma. Frente a tanto orco, creado por las mafias pero también por magos negros en las alcantarillas de los gobiernos, la lucha de la Comunidad de la Red parece una gota en un océano de lava. Si se nos permite el pesimismo, la rampante in-seguridad informática supera hoy las predicciones de la literatura de ciencia-ficción y ciberpunk entera.

Sólo hay que mirar al grupo Lizard Squad, que después de pasar la Navidad bombardeando cibernéticamente las redes de las consolas Xbox Live y PS Network, amenazan ahora con cargarse la red Tor, creada para asegurar el anonimato de las personas y sin ninguna relación con el mundo de los videojuegos, objetivo hasta ahora de las andadas de Lizard Squad, a quienes el éxito parece habérseles subido a la cabeza. Por cierto que otro prenda, Kim Dotcom, el millonario propietario de Mega, se ha metido también en esta rocambolesca historia.

Una negra nube de inseguridad cubre Internet
En el mismo espacio-tiempo, la organización Internet Systems Consortium denunciaba haber sido hackeada. ISC desarrolla cruciales herramientas para las redes como el servidor de nombres de dominio BIND DNS y el programa ISC DHCP. Además, ISC gestiona parte de los servidores raíz de DNS. Intoxicar estas herramientas podría ser el paso hacia una intoxicación mayor.

Negros nubarrones, nada sagrado ni nadie a salvo cuando incluso quienes actúan de garantes del orden y la ley contribuyen al naufragio de la confianza: era plena Nochebuena y la National Security Agency norteamericana, con nocturnidad y secretismo, obligada por una sentencia judicial, hacía públicos documentos internos donde se muestran casos de espionaje ilegal a ciudadanos, bien por error o llevados a cabo por empleados de la NSA que actuaron por su cuenta, como la mujer que estuvo tres largos años monitorizando las conversaciones telefónicas de su marido.

Ni George Orwell ni William Gibson llegaron a imaginar tales escenarios, tal devastación y malos usos de una red de redes que debía llevar mayor luz y conciencia al planeta, según sus pioneros. Por suerte quedan aún hobbits que siguen trabajando por el bien común. Un ejemplo, tan simple como una estrella pero que aporta gran fulgor en este contexto, es un pequeño manual, uno de tantos que enseñan a los habitantes de la red a mejorar su cibervida. En esta ocasión, cómo evitar tener que dar nuestra dirección de correo electrónico a todos los sitios que usamos, a veces sólo una vez y no más, para no recibir tanto spam.

Sentimos haberos pintado un sábado oscuro, queridas lectoras y lectores, pero a veces va bien tocar de pies en el suelo, e incluso caer de rodillas, para renacer más fuertes y seguros. ¡Que la luz os acompañe lo que queda de día!

Fuente:http://es.cigtr.info/

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